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Escape

Escape ilustración

Estaba perplejo cuando supe que llevaba más de 3 meses en la ciudad y yo sin haberlo notado en sus llamadas. Teníamos la costumbre de mantener conversaciones cada tercer día, como siempre, yo era el que tomaba la iniciativa. Jamás noté algún cambio en su voz o en su ambiente, ni siquiera noté que ya no se escuchaba el sonido de su chillante madre como fondo de su voz. Todo este tiempo lo mantuvo en secreto hasta que ya no pudo contener la condición de su engaño. Soltó de golpe la noticia, como exigiendo mi presencia entre nostalgia, deseo y necesidad, y yo, envuelto en la irrealidad de este evento, no pregunté por su silencio ni cuestioné sobre sus acciones. Tome mi chamarra y salí a la calle preso del impulso de verla de nuevo.

Me detuve a contemplar mis alrededores; quería saber donde estaba parado antes de fijar el punto acordado donde esperaría a María. A mis costados, había un par de edificios de 3 pisos, azulados y muertos como sus habitantes que se asomaban para mirar el cielo nublado desde sus balcones. Caminé hasta llegar a lo que era una reja enorme de una fábrica, la cual no pude distinguir si estaba abandonada o aún se encontraba en funcionamiento. En ese momento no me puse a pensar en la complejidad de su estructura hasta que empecé a tener una vista del interior de su patio. Un gélido viento emergía del interior de sus paredes opacas, notando que había gente en su interior, ya sea trabajando o realizando cualquier actividad fuera de mi comprensión. No entendía ese lugar, y francamente no estaba dispuesto a desmembrarlo con adjetivos para tratar de entenderlo en mis ratos de soledad. Solo quería verla, y nada mas.
- Lo estas intentando descifrar ¿no es así?- la voz de María interrumpió mi breve cavilación sobre el lugar. Siempre supo lo que estaba pensando sin verme a los ojos. Es como si pudiera ver a través de la ropa y percibir mis gestos y movimientos musculares sin verme de frente. Era una virtuosa al describirme, siempre lo había sido. Volteando hacia María la miré dibujando una sonrisa al instante, la besé y la tomé entre mis brazos. Estaba feliz de verla y no podía creer que estuviese en al misma ciudad que yo.
- Siempre pensé que iba a ser yo el que se mudara, pero veo que te has adelantado. ¿Por qué no me lo dijiste?

Caminamos hacia la entrada de la fábrica, y nos adentramos poco a poco en la profundidad del complejo. Entendí al poco tiempo que la fábrica no estaba en funcionamiento, sino mas bien, era un espacio de esparcimiento para las personas del lugar. Era como si en el momento que ya no soportasen su opaca personalidad, tuviesen al alcance un lugar donde pudieran alejarse de la monotonía de las calles grises. Era irónico que un lugar cerrado proporcionara libertad para las personas de fuera, y que su cautiverio estuviera implícito en si mismos. Me preguntaba si María estaba enferma de ese silencio que reinaba afuera, y si me trajo a este lugar para poder desahogarse y hablar como normalmente lo hicimos por teléfono. No pronunció ni una palabra mientras caminábamos, era como si quisiera que viera el lugar y me dejara infectar por el eco de sus paredes abandonadas, o el ruido de las láminas de metal de las escaleras derruidas. Subimos a lo alto de la torre principal donde podía verse la ciudad con cierta vista panorámica. María se recargó en el barandal y señaló con su dedo el horizonte de la última casa que alcanzaba a ver a lo lejos.
- Ni siquiera con esta vista puedo determinar el final de esta ciudad. Es mas grande de lo que pensé, es fácil perderse. Creí que podía llegar hasta ti con solo quererlo, pero ya vi que no puedo, siempre es necesario un poco de ayuda. – Me dijo María.
- Siempre necesitamos de otros para llegar a donde queremos. ¿Viniste porque tuviste un impulso?
- Vine porque quería verte, pero cuando quise buscarte, no te encontré.
- Quisiste hacer lo mismo que yo hice…
- Claro, solo que tu no tardaste tanto tiempo en encontrarme.

¿Cómo olvidar esa aventura? Un día me desperté y tuve un fuerte impulso: ir a verla. Tomé el primer avión que pude para descender en una tierra completamente desconocida para mi. Con mucho esfuerzo, llegué a un hotel ubicado en una enorme avenida. Todas las mañanas, salía a esa avenida y caminaba hacia uno de los extremos. Al atardecer, tomaba un camión de regreso al hotel y repetía el mismo proceso, hasta el punto que la avenida la recorrí 6 veces en ambas direcciones. La buscaba con desesperación, mezclada con un poco de emoción que hacía palpitar mi corazón. A los 14 días, vi caminar a María por la calle y la miré fijamente esperando que mis ojos hicieran voltear los suyos hacia mi. Estaba seguro que no me reconocería como un transeúnte mas de esta avenida concurrida, pero intenté que lo hiciera. La seguí hasta un mercado donde compraba fruta y la apilaba en una bolsa naranja. La alcancé en un puesto, tomé una pera y pregunté a la encargada su precio, ella volteó a verme, mientras yo aparentaba no haberla visto y realizaba mi compra normal. Me sonrió y dejó que terminara con aquel juego de mercader, se volvió hacia mi, y me recibió con un beso. Solo la vi esa tarde, al preguntarme el porque de mi visita le dije:
- Quería ver si era capaz de encontrarte en una caminata trivial dentro de tu mundo. Si las posibilidades eran buenas y te hallaba, significa que en cualquier momento de mi vida iba a hallarte como lo hice antes.
- ¿Y si no?
- Si no, simplemente hubiera sido casualidad nuestro primer encuentro. Pero yo se que las casualidades no existen. No encuentras a una persona solo porque si. Lo haces cuando la necesitas, y tu estabas ahorita justo cuando te necesité.

De vuelta a lo alto de la torre de la fábrica, María volteó hacia mi con una sonrisa
- ¡No puedo creer que estés aquí! Me siento aún mas sorprendida que aquella vez.
- Pudiste haberme llamado, todo este tiempo… ¿donde has estado, aquí?
- ¡Oh no!, desde luego que no. Este lugar lo descubrí apenas unos días atrás. Quise que lo vieras, tal vez tu sabrías su significado, siempre has sabido ver mas allá de las paredes.
- Este lugar es un escape. Puedes venir a esta fábrica y encerrarte en sus paredes y respirar algo menos tóxico que el ambiente de fuera. Jamás había visto este lugar ni visitado esta zona en la ciudad. Acabo de descubrirla como tú. En cierta manera, has venido a mostrarme algo nuevo.
- Es un placer enseñarte algo en tu propio ambiente.
- Dime por que no me dijiste nada, ¿A qué se debió tu silencio?
- No sería un viaje exitoso sin haberte encontrado antes… ¿No crees? Supongo que aguanté lo mas que pude hasta que literalmente no pude seguir buscándote. Me hace pensar que con tan solo una llamada, nos pudimos haber visto más tiempo la vez que fuiste a mis tierras, en cambio no lo hiciste. Solo conversamos por un para de horas, y después te fuiste. Comprendí la naturaleza de nuestro encuentro y supe que tenía que experimentar mi propio descubrimiento. Evidentemente, estiré el tiempo lo más que pude hasta tener la necesidad de llamarte.
- ¿Qué fue lo que encontraste?
- Mi libertad, aunque envuelta en pobreza y soledad, este tiempo me ha servido para darme cuenta que hay gente que busca su propia manera de escape. Mas que un barrio pobre, este es un vecindario de gente que recarga su energía, descansa y reivindica su camino sea cual sea. Algunos se quedan unas cuantas horas, algunos días y otros años. Todo depende de uno mismo. Sientes como si siempre hubieras vivido aquí, es fácil acomodarse y solo debes hacerlo el tiempo necesario, de lo contrario, tu descanso se convertirá en prisión.
- Es un lugar interesante, no me había percatado de todo esto, has descifrado muy bien la naturaleza del sitio.
- ¿Yo? ¡Oh no!, no es tan sencillo darse cuenta. Deducirlo me llevaría toda una vida. Todo esto me lo contó alguien que lleva años aquí. Ella olvidó por completo el objetivo de su búsqueda, se estableció y ahora vende comida y café en un puesto humilde a un lado de la fábrica. La conocí un día que hacía mucho frío, me regaló un poco de café en un vaso de plástico. Jamás me había sabido tan rico, bien sabes que no me gusta mucho el café. Ven, quiero que la conozcas.

Descendimos de la torre justo a un costado de la fábrica; un área de pequeños comercios ambulantes que vendían artículos de primera necesidad. Entre todos ellos, estaba un puesto indistinguible, mimetizado por los demás y sin nada en especial. María extendió un recipiente de plástico y la señora le regaló un puñado de cafe y un poco de agua para beber. Solo me dirigió una mirada mientras ellas mantenían una conversación intrascendente. Me reconoció enseguida y supe que María le había hablado de mi.
- ¿Acaso era ella? – le pregunte a María.
- Así es. Cuando llegué aquí, llevaba mucho tiempo rondando en la ciudad. Comprendes la crueldad que se vive aquí, y la indiferencia con la que te paga la noche cuando las luces de las calles no son lo suficientemente brillantes para brindarte un camino en su obscuridad. El frío de sus banquetas lo sientes incluso al traer zapatos. Es fácil perderse sin un plan. No soy como tú que ibas preparado. Sabías justo lo que ibas a hacer y en donde buscarme, en cambio yo solo vine a caminar en las calles de un lugar enorme, donde seguramente no iba a encontrarte, ahora lo se por el tiempo que tardaste en llegar aquí. Aún estaba lejos, o quizás pasé por donde vives y ni siquiera lo notaste ¿Qué posibilidades tenía de encontrarte? Cuando sientes que todo fue en vano, ocurren eventos que te llevan hasta un punto de reflexión, y te das cuenta que solo es una etapa de transición.
- Bueno, debo de confesarte algo. Es cierto que yo llevaba todo bien medido, y tenía muy en claro lo que iba a hacer para encontrarte en tus tierras. Sin embargo, tenía un límite en mi búsqueda y de haberlo alcanzado, tenía planeado darme la media vuelta y regresarme. Habría fracasado, pero habría regresado sano y salvo. Debes reconocer que tu forma de actuar te ha llevado mas allá del límite de tu conciencia lógica. Yo pude encontrarte, me alegra haberlo conseguido, pero no se que hubiera pasado de haber fracasado.

Llegando al final de nuestro trayecto, ubicamos un viejo ferrocarril derruido que le servía a Maria de estancia. Al mirar el lugar con mayor detenimiento, aparté de mi mente el lugar de descanso y comprensión para ubicar en mi mente la pobreza y la falta de comodidad aspirada en el lugar. María se recostó tan cómoda como pudo, y yo me senté entre algunos escombros y cajas de cartón.
- Ven conmigo, ¿qué haces aquí? No tengo mucho y lo sabes, pero es mejor que este lugar. No quiero que pases otra noche aquí, ya no estoy tranquilo sabiendo donde duermes. Necesito que estés conmigo.
- Y me encantaría estar contigo e irme… pero muy en tu interior sabes que no puedo y se muy bien que lo entiendes.
- Si lo entiendo. Es solo que al verte de nuevo me pongo intranquilo. Dime, ¿que es lo que quieres?
- Quiero seguirte buscando. Aún no te he encontrado, te llamé porque necesitaba saber que estabas aquí, sentirte aunque sea un poco y recargar la energía de mi búsqueda. Se que estas afuera y que voy a encontrarte. Cuanto habré de tardar aún no lo se, solo espero que el día que te vea por la calle me puedas reconocer, y que no haya cambiado mucho por el azote del tiempo.
- ¿Porque no regresas?
- Porque ahora soy libre, y no puedo regresar al cautiverio de mis tierras, no hasta encontrarte por mis propios pasos. Así que dime… ¿voltearás en todas las esquinas y lugares de tu camino diario, esperando encontrarte con un rostro conocido?
- Sabes que lo haré, siempre buscaré tu rostro en la ciudad hasta que no me encuentres, yo guiaré tu camino con mi voz hasta que ese día suceda. Lleva contigo esta conversación, y llámame para verme cada vez que sientas que necesitas alegrar tu viaje.
- Siempre lo tendré en cuenta y siempre me guiaré por tí.

Esa tarde me fui de la fábrica sin saber el camino de regreso. Se que al otro día ella ya no estaría ahí, y que me buscaría por toda la ciudad. No le dije por donde vivía. Le dije que buscara en las calles solitarias, las pocas que viera en esta ciudad, que las circulara una y otra vez, que viera las bancas de los parques, que se asomara por los cafés a medio día, y por las noches, buscara refugio de la oscuridad, porque a esa hora, estaría pensando en ella en un lugar seguro esperando que ella hiciera lo mismo. Encontrar calles vacías le llevaría poco tiempo, y espero que tomara mi ayuda de buena fe y entendiera lo que quería decirle: que buscara el silencio con desesperación, una vista limpia y clara del pequeño horizonte que se alcanzara a ver entre los edificios, porque en un lugar así, yo podría verla a lo lejos y escuchar su voz sin la molestia externa de los desechos de ruido. Ella conoce ese lugar, porque es la misma calle donde nos conocimos, y espero con ansias que encuentre el camino de regreso hacia mi.

oct

El silencio – parte 3

En retrospectiva, resulta curiosa la manera en que supimos de la muerte de Nora… Su misma familia nos avisó. Como costumbre, Nora llamaba a su hijo todas las tardes para cerciorarse que había realizado su tarea. Esta tarde, Nora no habló. Su hijo, lleno de extrañeza, marcó al celular de su madre y como era de esperarse, no contestó. No sabemos cuantas veces insistió hasta el punto en que, el sujeto que se sentaba a su izquierda, alzó la mirada ante la molesta vibración de su celular. Nada, no hubo respuesta. Su hijo, persistente en la llamada que no hizo su madre, marcó a la oficina, lo comunicaron a su extensión, y no recibió respuesta. De no haber sido por el pequeño que insistió en que el comunicaran a su madre, no hubiera hecho que la recepsionista se levantase, fuera al lugar de nora y pegara un fuerte grito al notar su cuerpo rígido en el teclado. Todos nos quitamos los audífonos y aterrados, volteamos hacia el lugar del grito.

– Esta ocupada, marca en un rato más. – Fue la respuesta de la recepsionista al pequeño, que por obvios instintos no se tragaría semejante falasia de una extraña que ni siquiera sabe mentir. En ese momento llamaron el director, nos reunimos alrededor de su cuerpo sin vida, y llamaron a la ambulancia. Nadie dijo una sola palabra, nadie lloró y ni siquiera se inmutó. Solo permanecimos quietos, mirándonos entre si, echándonos la culpa entre nosotros solo con nuestros ojos hasta que llegó la ambulancia y nos libró de ese molesto trance. Para nuestra fortuna, los paramédicos se contestaron a si mismos todas las preguntas. Determinaron la causa y hora de la muerte, identificaron el trozo de manzana culpable, y nos dieron el pésame. Listo, pueden irse, no hay nada más que decir.

La señora del aseo llega y se sienta en nuestra mesa. Nos mira como extraños buitres que buscan alimentarse de la sabiduría de sus entrañas, y es que a decir verdad, estamos desesperados. Buscamos con ansias a quién apuntar, alguien que nos pueda reafirmar lo estúpidos que fuimos por no observar. ¡Sí, no vi nada, él debió darse cuenta! Era lo que todos quisiéramos oir, pero por el contrario, la versión de la señora del aseo nos deja absortos de dicha esperanza.

ago

El silencio – parte 2

Jorge fue el primero, era lógico que así fuera. Se sentaba lado de Nora, compartían el mismo cubículo a falta de espacio y era quién podía resolver el misterio, y a su vez, recibir la mayor parte de la culpa, por lo que debo reconocer que me sentía aliviado. Todo pudo haber terminado con él, pero el vacío de sus palabras alargó el misterio más de esperado.

– Estaba en junta cuando sucedió – dijo a su defensa. – Llegué y simplemente estaba recostada en el teclado, no le presté atención y seguí trabajando. – Sus palabras fueron secas, aparentemente indiferentes. Nadie se tragaba aquella aparente muestra de frialdad. Sabíamos que Jorge se remordía, como todos, en su interior por lo sucedido. No lo notó, siguió trabajando, como todos. De nada servía achacarle la culpa a alguien cuando muchos de nosotros hicimos lo mismo. Lilia, la chica que se sienta dos lugares a su derecha, se encogió como un caracol rociado por sal llena de su propia culpabilidad, cuando 3 horas después de muerte, se acercó a su lugar a preguntarle algo a Nora, la vio recostada en el teclado, la ignoró y regresó a su cubículo. Pensaba que se había quedado dormida, tal vez solo estaba recostada… al final no importa lo que ella pensó; la ignoró, no tuvo la delicadeza de tocarle el hombro y moverla para que despertara, ni siquiera alzarle la voz para que intentara despertar. Si tan siquiera hubiese tocado su mano, hubiese sentido su piel fria, y al notar aquella anormalidad, llamar la atención de los demás, que de todas formas hubiese sido inútil pues solo hubiésemos descubierto antes que Nora había muerto. Nadie juzgó a Jorge, sabíamos que trataba de librarse un poco de su culpa.

En ese momento, nos dimos cuenta de que podíamos pasar toda la noche deliberando quien tuvo que haberse dado cuenta de su muerte, pero a final de cuentas, nadie había estado presente en el momento exacto de su atragantamiento, es decir… nadie se había percataoi de él. Nuestro jefe que pasó por su lugar a entregarle un bonche de hojas por leer, los sujetos que platicaron a espaldas de su cadaver, el mismo director que le estuvo mandando correos y que se había molestado con ella, incluso pensando en correrla… ninguno tuvo la delicadeza de siquiera acercarse a mostrar su molestia con ella. Yo… simplemente no tuve la agileza verbal de burlarme de ella por haberse dormido.

Regresando al problema… ¿en qué momento se atragantó Nora? Si alguien suscitó aquel trágico evento, era evidente que no quería hablar. ¿Quién sería tan estúpido como para delatarse entre todos, después de haber iniciado esta plática tan incómoda?

– La señora del aseo. – Exclama mi compañero de área. ¡Muy buena deducción! Era la única aun presente en la realidad sin audífonos, quien no estaba esclavizada al monitor de una computadora. Ella podría, si tuviese la pizca necesaria de ignorancia y sinceridad, achacarse la responsabilidad de haber presenciado la muerte de Nora, o bien, señalar a quien en ese momento, pudiese estar despierto como para haberlo visto. El director la llama y la hace venir en la noche. No duda en venir después de escuchar la noticia.

ago

El silencio – parte 1

No puedo precisar la hora exacta; la noche cayó hace varias horas mientras la lluvia golpeaba las ventanas del edificio absorbiendo la atención de nuestros oídos, que ni siquiera nos percatamos del momento de su deceso… solo sabemos que se atragantó en frente de todos, y que nadie estuvo presente en el suceso que solo podemos imaginar en nuestras mentes. Todos estamos afuera empapados por la duda, mientras los paramédicos llevan su cuerpo rígido en la camilla, lo suben en la ambulancia y se arranca en silencio como cualquier otro auto. Ha muerto, ni siquiera es necesario prender la sirena por la urgencia de llevar un cadaver entre las calles retacadas de la ciudad. Volteo a ver el rostro de todos y se que nos inquieta la misma escena: ¿Qué vamos a decirle a su familia, que murió y no escuchamos en lo absoluto, cuando se atragantaba con ese pedazo de manzana, y que ni siquiera nos fijamos del momento cuando cayó en frente de la computadora, aparentemente dormida? No somos malos compañeros… simplemente no sabemos mirar a nuestro alrededor, al menos de eso tratamos de convencernos.

Nadie tiene la intención de volver al edificio y observar su lugar después del suceso pero debemos hablar de esto, ¿cómo es posible que nos hayamos dado cuenta de que estaba muerta después de 5 horas? Alguien debió notarlo y no dijo nada o simplemente lo ignoró. Trato de convencerme a mi mismo y exentarme de la culpa, pero resulta complicado pues se sentaba justo en frente de mi. No puedo dejar de pensar en que parte de la culpa fue mía… tal vez vi el momento preciso en el que luchaba por expulsar el pedazo de manzana atorado en su laringe y lo ignoré, ¡no hice nada! Tal vez quiso decirme algo, y no la escuché por traer los audífonos puestos… me reconforta saber que nadie escuchó, porque traían su propio mundo cantando en sus tímpanos al igual que yo. Vaya manera de encontrar el alivio.

Decidimos salir al café de enfrente, juntamos varias mesas y el silencio en nosotros delata nuestra complicidad en la muerte de Nora. “Son ellos”, lo sentía en la mirada de todos los presentes, “son aquellos que trabajaban con la chica que sacó la ambulancia hace unos minutos, parecen haberla asesinado con dolo, incidental, un simple descuido. Es la clase de comportamiento que distingue a los seres humanos, de aquellos que son empáticos de los otros que son indiferentes”. Recordé un video que vi hace tiempo, de una niña en China que era atropellada varias veces por 2 automóviles y la gente pasaba a su lado sin hacer nada. Sentí impotencia, coraje por aquellos sujetos sin corazón incapaces de tomarse unos minutos para ayudar a la niña. Odié a los conductores de ambos vehículos, era la reacción común del espectador que contemplaba un suceso trágico sin tener complicidad. Era como mirar “El Gráfico” y reírte de los encabezados: “Atropellado por borracho” jaja, resultaba gracioso… ¿Donde encajábamos nosotros? No podía reírme del encabezado de esta tragedia. “Se ahogó y no se dieron cuenta” diría la portada del periódico en la mañana. Lo miraría al entrar en el metro y diría a mis adentros: ¡Conozco el suceso!

Tardamos en hablar, el director rompe el silencio ante la incapacidad de los demás de hacerlo. ¿Qué había sucedido?, pregunta. Estaría preocupado por las cuestiones legales, las preguntas que le harían y el hecho de saber que alguien murió en nuestro piso. Nadie quería hablar, su mirada inquisitiva buscó entre aquellos capaces de reconstruir los eventos. Tuve suerte de no ser el primero, pero se que tendría que aportar la versión de mi historia tarde o temprano.

jul

Las crónicas distantes

¡Un momento!, para el momento que escribo esto aún ni siquiera termino de ajustar la plantilla de este blog, ¡aún tengo cosas volando y mal acomodadas por todos lados! Pero no importa, ya se puede escribir aquí y hay que aprovechar XD.

Hace mucho tiempo (no tanto, no exageremos) tenía un blog llamado “Crónicas distantes de un viajero en el tiempo” donde redactaba historias macabras de mis experiencias diarias. Digámoslo así, era una forma de redactar mi vida con un plus de imaginación, y el resultado era… historias más divertidas que escribir un diario “normalito”.

Debido a que las cosas que se me ocurren van más rápido que el arreglo del diseño de este blog (¡rayos!), empezaré publicando estas historias conforme se me vayan ocurriendo, esperando claro… ¡terminar de arreglar el diseño antes del 2013! espero sean de su agrado :) .

jun

¡Bienvenidos!

¡Bienvenidos a mi blog! después de un buen tiempo ha sido resucitado, con un nuevo diseño y formato, el cual, como podrán ver, aun esta en obra negra, sin embargo sigo trabajando para dejarlo tal cual me lo imaginé en Photoshop. Espero sea de su agrado y pasen un momento agradable leyendo todo lo que se me ocurre!!